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Taller Ochocuatro: el perfecto encuentro entre las fotografías análoga y digital

Instagram@tallerochocuatroShare

El taller Ochocuatro comienza sus operaciones en Valparaíso alrededor de 2016, de la mano del fotógrafo José Reyes, quien detecta la necesidad de tener un espacio para la fotografía analógica en el puerto. “La gente llegó, se forjó un apoyo bastante leal, tengo varios colegas colaboradores del taller. Pasó bastante tiempo y mi colega Daniel Mora llega a trabajar con nosotros”, explica José.

Actualmente, ambos fotógrafos se dedican a dar clases y talleres en los que se adaptan a los conocimientos del estudiante, por lo que pueden asistir incluso personas sin experiencia, que deseen aprender el oficio desde cero. “Solo tienes que venir: te entregamos una cámara, te entregamos rollos, te entregamos papel, te entregamos la química fotográfica y sobre todo el conocimiento y el acceso a hacer infinitas preguntas sobre lo que te interesa fotografiar. Como nuestras clases son personalizadas, normalmente la gente propone lo que quiere aprender sobre fotografía y nosotros nos abocamos a esa parte” explica José.

En su taller de calle Esmeralda, también revelan fotografías, digitalizan tanto fotografías análogas como negativos, realizan ampliaciones, reparan cámaras, entre muchos otros servicios.

Daniel Figueroa estudió justo en la transición de la foto análoga a la digital. “Como los laboratoristas antiguos ya están retirándose, falta el recambio. Este nicho que arma José acá fue visionario de que no iba a morir la fotografía análoga”. Su compañero complementa que hoy vivimos un “boom” y que los adeptos de la foto análoga son muy comprometidos con este arte.

Para José, la magia de la foto análoga radica en su permanencia en el tiempo. “La fotografía existe hace más o menos 160 años. Hoy, cuando todo el mundo tiene una cámara de celular y una cámara fotográfica a la vez en el bolsillo, pocas personas saben cómo comunicar con esa herramienta”. En el mismo sentido, José cree que poder ver una fotografía inmediatamente en una pantalla tiene la gran ventaja de permitir “corregir enseguida la toma para seguir fotografiando. Creo que es una manera en que deberíamos aprender a usar nuestro celular. Quizás no tomar fotos tan compulsivamente, sino que tomar algunas y poder reflexionar en torno a ellas y aprender cómo componer mejor, cómo usar mejor esta herramienta para comunicar”.

Por su parte, Daniel rescata que en la fotografía análoga hay una dimensión ética y una estética. Desde lo ético hay mucha gente que viene aquí y plantea que desde el análogo hay una cierta pureza, menor intervención, aunque en realidad hay intervención en la foto análoga o digital desde el día uno. Y la estética se relaciona con la materialidad del rollo y el grano que tiene, a diferencia del píxel, mejor calidad visual. Lo que nosotros conocemos como píxel es un cuadrado. En la fotografía análoga no existe este cuadrado, lo que compone la imagen es mucho más pequeñito, más complejo, y por lo tanto de mejor calidad visual”.

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