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Sidnead Valladares y la invención del “collabujo”

De pequeña, Sidnead dibujaba garabatos como casi todo el mundo. Pero a los trece años le regalaron una croquera que todavía recuerda con especial cariño. “Las tapas eran negras y la hoja era más ahuesada que blanca. En esa libreta hice unos dibujos de los cuales todavía me siento orgullosa. También desde pequeña tengo una fascinación por los lápices de tinta negra, los lápices de pasta azul me parecen una abominación. Pero dejé de dibujar por muchos años, hasta la universidad. En mi último año de estudios comencé a dibujar mucho más en los cuadernos, descubrí los tiralíneas y fue hermoso saber que existían lápices de tinta negra que se secan rápido y no manchan toda la hoja”, recuerda.

Una vez egresada se fue a vivir a Punta Arenas y ahí es cuando realmente comenzó Lidnead el año 2018. Trabajó en una tienda en el aeropuerto y el tiempo libre y las horas muertas las ocupó en dibujar, leer y escribir. “De manera muy natural pude encontrar mi propio estilo en el que las líneas son las protagonistas. El año pasado tomé por curiosidad un taller de collage y nunca imaginé la importancia que iba a tener dentro de mi arte. Luego comencé a mezclar el collage con el dibujo, dando paso a lo que me gusta llamar “collabujo”, asevera. 

-¿Cómo fue tu paso por Los Andes? ¿Qué tan desarrollado está el arte allá? 

Nací en Santiago y cuando tenía siete años nos fuimos a vivir a Los Andes. Viví ahí hasta los 18 años y aunque nunca he sentido que pertenezco a ese lugar, tengo un recuerdo hermoso que es la génesis de todo esto. Estaba en quinto o sexto básico en una clase de arte con el profesor Marco. Era un profe buenísimo, de esos que se recuerdan para siempre. Nos había dado una tarea que consistía en hacer círculos. Partías con un pequeño círculo al medio y luego ibas haciendo más círculos alrededor del círculo anterior y así. Yo hice las líneas muy pegadas unas de las otras, pasando el lápiz lentamente muy cerca de la línea anterior procurando no tocarla. De repente, levanté la vista para mirar a mi alrededor y me di cuenta de que mis compañeros iban muy avanzados, casi llenando la hoja y yo llevaba apenas cuatro o cinco círculos. Me desesperé y le fui a preguntar al profe si es que iba a influir en la nota que no alcanzara a llenar la página antes de que se terminara la clase y me miró y me dijo: “mira tus líneas y mira las de ellos”. Efectivamente las líneas de los compañeros a los que yo había mirado estaban muy separadas unas de las otras y por eso ya casi iban llenando todo el espacio. Lo miré de vuelta y solo hizo un gesto que no puedo describir, pero que si lo tuviera que traducir en palabras diría “no influye en la nota porque te enfocaste en la prolijidad y no en la cantidad”. 

El año pasado un restaurante en Los Andes organizó una exposición con varios artistas de distintas disciplinas y yo no recuerdo haber visto algo así antes. También el año pasado y a comienzos de abril de este año, fui a dos ferias organizadas por un restaurante de San Felipe que estuvieron increíbles. De verdad que en ningún otro lugar he sentido que aprecien mi trabajo como lo ha hecho la gente de San Felipe.  

-En tu ciudad actual, ¿existen los espacios presenciales para exponer hoy en día? 

Actualmente vivo en Quilicura y aunque imagino que dentro de la Región Metropolitana hay una gran cantidad de lugares donde exponer, los desconozco. Y desconozco el proceso para llegar a exponer, ya que no siento que sea uno de mis objetivos, al menos por ahora. En este momento estoy enfocada en ser más disciplinada para poder llevar mi proyecto con la seriedad que requiere. Por mientras voy a ferias de oficios a vender prints y stickers de mis dibujos y son una buena instancia para dar a conocer mi trabajo y conocer a más personas que hacen arte. La virtualidad también ha sido muy importante para mí: he conocido a personas hermosas por Instagram que se dedican a los oficios y a la autogestión y es genial compartir nuestras vivencias y juntarnos a crear. 

-Cuéntanos acerca de tus obras. ¿De dónde sacas ideas? ¿Qué te inspira?

Siempre me he sentido atraída por las cosas en blanco y negro y con líneas, desde la ropa hasta la decoración y el arte. Mi gran inspiración es la naturaleza. Me gusta dibujar aves, plantas o montañas lo más parecido a lo que son en la vida real, pero en mi estilo, añadiendo elementos ficticios que de igual manera permiten identificar a las especies dibujadas. Me gusta investigar sobre especies a través del dibujo. Ha sido una manera muy efectiva de aprender. La música también me inspira. De repente al escuchar una frase de una canción, puedo bosquejar algo en mi cabeza. Las conversaciones con amigos son también una gran fuente de inspiración, sobre todo para hacer collage con frases con las que la gente se pueda identificar. Antes siempre esperaba que la inspiración llegara por arte de magia y ahora estoy haciendo lo contrario, sentándome a crear y ver qué sucede, aunque sigo haciéndole caso a ese impulso de crear que llega de repente. Cuando camino por la calle también se me ocurren muchas ideas, así que siempre debo llevar conmigo lápices y libretas listas para anotarlas. También recibo muchas ideas a través de mis sueños. El mundo onírico es muy importante para mí, me desespera no recordar mis sueños por más de un par de días y me encanta hablar de ellos con otras personas.  

-¿Puede un artista que ejerce tu disciplina vivir del arte hoy en día en Chile?  

Se puede, pero es necesario tener disciplina y un plan de trabajo. Yo todavía no tengo ambas (aunque la disciplina va mejorando), y por lo tanto todavía no puedo vivir de mi arte. Solo hace un año que decidí divorciarme definitivamente de la pedagogía en inglés, que fue lo que estudié, y ha sido muy difícil darle este vuelco a mi vida por muchas razones, entre ellas, sentir que me había quedado sin herramientas, no entender todavía muy bien cómo se mueve el mundo del arte y la poca valoración que se le da al arte en general. Me ha costado mucho creer que esto sí es un trabajo y que requiere dedicación, observación, ensayo y error, etc. Por mientras, sigo dibujando y creando todo el tiempo, porque sé que la perseverancia trae sus frutos, aunque suene cliché. 

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