“Valparaíso me enamoró y fue mi laboratorio al aire libre de dibujo”
El arte parece tener la capacidad de camuflarse y florecer en medio de los lugares, personas y actividades más diversas. Es así como el urban sketcher, disciplina plástica que plasma la realidad a través de ilustraciones urbanas, nace a partir del periodismo. Puntualmente, el catalán radicado en Seattle, Gabriel Campanario, da el vamos a esta manifestación mientras trabajaba como ilustrador para un diario. Quien nos cuenta esta historia es Rafael Vilaret, arquitecto e ilustrador nacional que se enamoró del urban sketcher, seducido por la mágica estética de Valparaíso.
Rafael nos explica que, cuando Campanario inició el movimiento, lo hizo con ilustraciones que “plasmaban la realidad, la atmósfera de su gente y de las ciudades que visitaba a través de un boceto rápido y a mano alzada”. El resultado fue un movimiento global, que se agrupa en redes sociales bajo el hashtag #USK y que reúne a personas con la misma pasión. Uno de estos apasionados es el propio Rafael, que desde pequeño sintió una vocación por el dibujo. Como suele pasar con muchos creadores, primero entró a estudiar una carrera convencional —Construcción Civil— para complacer a sus padres, pero a poco andar dejó la carrera y se matriculó en Arquitectura, en la Universidad de Valparaíso.
“Valparaíso me volvió loco, me enamoré y fue mi laboratorio de dibujo al aire libre: multiperspectivas, el arriba, el abajo, las curvas. En los talleres nos encargaban, por ejemplo, cien croquis a mano alzada en dos días y hechos con pluma fuente, para que captáramos lo esencial del espacio urbano y evitáramos corregir usando lápiz grafito. Eso me dio seguridad hasta hoy, un trazo seguro y un boceto rápido que captura la atmósfera del tejido urbano, de rostros, gestos, actividades, etc”, nos cuenta el Rafael, que encuentra sus principales fuentes de inspiración en “la arquitectura, en la ciudad y su tejido urbano, su gente, las actividades callejeras que ocupan ese piso urbano, los animales que viven y que habitan la urbe: caballos, burros, perros, palomas, roedores y gatos que también son parte de la fauna urbana, entre otros”.
Valparaíso en sus detalles
Rafael confiesa saberse un sketcher mucho antes de que el movimiento existiera como tal; pero fue a través del ilustrador español Juan Linares que lo conoció. Con él también aprendió a aplicar acuarela a sus creaciones, uno de sus principales desafíos.
Un aspecto que distingue la obra de Rafael Vilaret, es que más que empeñarse por capturar la hiperrealidad, en su arte adquieren mayor preponderancia los detalles que no aparecen a simple vista, como «el gesto, la esencia, la atmósfera de los espacios y de los seres que interactúan con ellos”. Esa misma búsqueda es la que explica y consolida su raigambre creativa en Valparaíso, “la ciudad que reúne todo lo que yo busco retratar y captar a través del boceto a mano alzada”.
Sobre el estado del sketcher, en Chile esta disciplina es relativamente nueva. “En 2013 aparecen las artistas Daniela Monterrosa, Rosario Muñoz y Erika Bradner”.
Para Rafael, el Urban Sketcher se resume en un ejercicio de “fotografiar con los ojos lo esencial, sin tanto detalle (…) Los ojos en personas y animales reflejan la esencia, como se paran, su postura y la ciudad sostiene ese gesto: lo construye, lo transforma y lo provoca. Yo diría que la ciudad y el espacio urbano es el verdadero artista que nos utiliza a nosotros para mirarse ella misma a través del lápiz, el pincel y el papel”.

