Si nos referimos al primer contacto de Matías con los materiales, podría decirse que la primera vez que pintó fue en el jardín infantil con temperas. Durante su infancia, tuvo la suerte de que su padre trabajaba en en una industria de artículos de librería, por lo que siempre tuvo cuadernos, lápices y plumones para dibujar. Además, a los diecisiete años tuvo su primer acercamiento a la visión académica a través del taller de Arte Küyen de Villa Alemana, dirigido por la artista Lenka Diaz Villarreal, con un enfoque en el realismo. Antes de esto, se dedicaba simplemente a crear monstruos, demonios y robots que intentaban ser muy detallados, pero a la vez con una anatomía imposible, inspirados normalmente en las series animadas y videojuegos a los que tenía acceso en ese momento. Mucho después, al llegar a la universidad, podría decirse que finalmente conoció Las Artes (estuvo un año en diseño y posteriormente se licenció en Artes). Esto resultó en una tesis basada en el Pixel Art, dísciplina de la cual hablamos con Matías.
En un principio el artista optó por Photoshop y posteriormente se decantó por Aseprite, un programa muy cómodo y especial para trabajar con píxeles. Por lo demás, es muy ligero, lo cual le vino perfecto cuando trabajaba con un notebook con Windows Vista que le salvó en su momento.
En cuanto a las técnicas, Matías se enfoca en respetar hasta cierto punto las reglas del pixel art, manteniendo una paleta de colores reducida, prefiriendo los formatos pequeños en cuanto a cantidad de píxeles, el uso de diversas variables de texturas para degradar los tonos y la superposición de capas con cierto grado de opacidad para generar distinción entre formas. Todo esto basado en las limitaciones técnicas de los videojuegos en pixel art, los cuales vendrían a ser el origen de este estilo en el medio digital.
Para él, el pixel art es un estilo artístico basado en la necesidad de adaptación bajo limitaciones. Toda imagen que se muestra a través de una pantalla se puede reducir a píxeles, lo cual se convirtió en parte fundamental del lenguaje visual de los millennials y las posteriores generaciones. También está de acuerdo con la idea de que mostrar nuevamente los píxeles nos permite apreciar las diversas posibilidades de expresión artística, así como un discurso contrario a la obsesión del refinamiento técnico actual, que pretende llegar a una realidad virtual.
Su conexión con Valparaíso comenzó cuando viajaba a estudiar a la UPLA y en algunos cursos de pintura les pedían interpretar su visión personal de esta ciudad, saliendo del cliché paisajista o la visión bohemia de la misma. Entonces prefirió enfocarse en la soledad relacionada con el mar y una visión más crítica de la estructura de la ciudad, ya sea con los problemas de derrumbe donde se edifica de igual manera, el hacinamiento en el transporte público y la eterna suciedad.
«No tiene mucha relación con el mundo de la ilustración, es más de ensuciarse con la pintura, haciendo una excepción en este caso con el Pixel Art«, nos comenta.
El avance de la tecnología está para reducir el esfuerzo en los procesos tediosos y le parece que en el arte también es bienvenido. En los murales ha visto nuevos métodos de proyección de la imagen sobre el muro a modo de calco, por otra parte, maneras de cuadricular la imagen para que encaje. Cosa que le parece totalmente válida, cada uno busca su método aprendiendo a su vez a lidiar con las críticas de quienes se tomaron el tiempo de desarrollar sus habilidades para hacerlo a mano.
La serie de obras, las cuales surgieron dentro del contexto de la pandemia en pleno 2020 e inicios de 2021, muestran partes del interior y el exterior del lugar donde estuvo «encerrado», con escenas contemplativas de lo cotidiano, enfocándose en las restricciones y relacionándolas con la estética del pixel art, mostrando a través de las pantallas que son ventanas para ver el exterior.
Se le ocurrió lo del pixel art al desempolvar su Super Nintendo y reencontrarse con los juegos que le mostraron las posibilidades de esta estética en primer lugar (con el Super Mario World 2: Yoshi’s Island, Killer Instinct y Donkey Kong 3).
Las obras muestran su estadía en Valparaíso en el Cerro Barón y otras Peñablanca – Villa Alemana, una vez que se levantó el toque de queda y los permisos temporales, pudiendo ver finalmente a su familia. Los espacios mostrados representan las sensaciones vividas durante el confinamiento.
El método de elaboración de las obras parte seleccionando una foto de referencia, abre el Aseprite y comienza con un boceto, luego la capa del fondo hasta llegar al primer plano.
«Quisiera remarcar la obra “Atardecer en el taller”(foto portada de la nota), la cual muestra parte del orden cotidiano de la habitación donde trabajé gran parte de las obras. El esquema de la composición intenta orientar la vista hacia afuera de la ventana donde yace el cielo atardecido que se intenta contemplar, la luz y los colores entran al primer plano tocando los elementos que se separan en formas rectas en la izquierda que representan la zona de trabajo y en el lado contrario se encuentran las formas curvas y suaves que evocan al descanso. Si hacemos una lectura rápida de la obra, partiríamos desde fuera en la calle, traspasando los barrotes se ilumina el escritorio reflejando parte del cielo nublado y también sobre la pantalla del notebook donde también se refleja el exterior, recalcando el contexto de encierro y relacionándolo con la estética del Pixel Art por el constante uso de las pantallas como ventanas que nos conectan al exterior», nos comenta Matías.

