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Historia del Muralismo en Chile: Desde la Resistencia al Mural Contemporáneo

Mural «El Abrigo» 8*7 mts. La Ligua, Región de Valparaíso Chile. Juan Pablo Gatica – JP

Hoy, en nuestro país, los murales, grafitis, grabados y rayados son una parte integrada al paisaje urbano. La historia nos cuenta que el muralismo como expresión de arte social comienza en nuestro país después del terremoto de Chillán (1939), con la visita de los artistas mexicanos Xavier Guerrero y David Alfaro Siqueiros.

Fue Siqueiros quien pintó Muerte al invasor, mural que mide cerca de 249m2, en la biblioteca de una escuela chillaneja. La obra plasma la imagen de México y Chile en resistencia conjunta contra la conquista española. Sin embargo, esta primera incursión tuvo pocas repercusiones en la plástica chilena, hasta la década del ’60, cuando los comandos de Eduardo Frei, Julio Durán y Salvador Allende ponen ojo en su potencial político.

La campaña de Allende convocó a folcloristas y escritores; mientras la participación de los artistas visuales llegó de la mano de Luz Donoso, Carmen Johnson y Pedro Millar; quienes pintaron los muros exteriores del Hospital Ramón Barros Luco con mensajes en favor del candidato. Un ejemplo emblemático es de la brigada Ramona Parra, que aparece en 1969. Operaban en la noche, pues se trataba de una actividad clandestina. Dos hitos posteriores que marcaron el muralismo fueron la exposición del Museo de Arte Contemporáneo en 1971; y la participación de Roberto Matta, ese mismo año, en la creación del mural El primer gol del pueblo chileno, junto a los brigadistas de la Piscina Municipal de La Granja.

Con la dictadura cívico militar, el muralismo volvió a estar prohibido, hasta que en 1983 reaparece como arma de denuncia, resistencia y lucha, a través de un lenguaje gráfico y plástico, que apelaba a la organización y defensa del pueblo. Las brigadas de rayado y muralistas experimentaron un crecimiento desde 1986, impulsadas por jóvenes habitantes de poblaciones populares, que perseguían unidad, igualdad, equidad, justicia y libertad.

El regreso de la democracia trajo consigo la paulatina disolución de brigadas y colectivos. No obstante, hubo algunos episodios de movilización social que contaron con el patrocinio y auspicio de instituciones culturales. Es el caso de los murales hechos a principios de los noventa por el grupo de muralistas porteños «La Caleta», en colaboración con los cerros de Valparaíso y Viña del Mar, destacándose el mural hecho en el teatro Mauri, ubicado en el cerro Florida, próximo a la casa museo La Sebastiana.

Con el fin de la transición, muchos jóvenes comenzaron a manifestar su descontento con el Chile de principios de los ’90. Como forma de expresión de este malestar comienzan a emerger murales, pero también grafitis y rayados de diversos temas: religión, cultura, denuncia y concientización en derechos ciudadanos.

Poco a poco, el grafiti se va desligando de la política partidista, mostrando una expresión social independiente. En la estética, apareció una mezcla de las técnicas del mural, el rayado, el grafiti, el cartel, la fotocopia y los papelógrafos de gran formato. En cuanto al contenido, se va haciendo cada vez más personal. Vemos, entonces, una suerte de metáfora de la historia reciente de Chile.

En la actualidad, la cultura urbana también ha convertido los muros de las ciudades en lienzos, utilizando pinturas en aerosol, stickers, afiches y plantillas. El arte urbano se diferencia del grafiti porque intenta comunicar, mediante dibujos en paredes, la vida cotidiana que trata de advertir lo que pasa en la sociedad y sus peligros, pero desde una creación más bien individual; mientras que el grafiti se lleva a cabo por un grupo de integrantes que mantiene un código entre sí, que utilizan paredes o lugares baldíos.

Acompañan la nota las obras del Artista Muralista de Viña de Mar Juan Pablo Gatica – JP

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