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Drus Nur: Arte, Fieltro y Sostenibilidad en Perfecta Armonía

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Drus es autodidacta en el arte y una eterna aprendiz de muchas cosas. Desde niña ha amado la naturaleza, que es su fuerza motriz. Le gustaba escribir y, a los 8 años, hizo una oda a las ranitas; a los 12 se escapó de su casa al bosque. Luego estudió periodismo en Chile y Economía en Suecia, donde creció, por lo que habla inglés, sueco, italiano y español.

Ejerció lo que estudió en diversas áreas: empresas privadas, consulado, tuvo su propia empresa, etc. En todas estas actividades, incorporó de una u otra manera lo que ella considera la antiguerra, lo bello, lo que provoca vibraciones positivas en las personas. Cree que el arte puede lograr eso.

Cuando cumplió 50 años, en 2017, decidió que volvería a hacer lo que le gustaba a los 12 años y que estuvo reprimido durante años. Eligió llamarse Drus Nur. Se planteó la idea de crecer, de cerrar su laboratorio de cosmética natural y las tiendas, y se propuso el desafío de ganarse la vida con una actividad completamente sostenible y sustentable para el planeta.

En un paseo a Dalcahue, en 2017, Ana Millalonko le regaló una mota de vellón (pelusitas de lana con las que se hace el fieltro) y descubrió que no le costó moldearlo con forma de sombrero-de-bruja-elefante. Se enamoró de este material, tan amigo de sus manos, y desde entonces no ha dejado de investigarlo y experimentar con él. Le gusta usar las manos, por lo que también hace parte de su ropa, su pan, tiene una huerta, etc. En fin, usa sus manos siempre.

El fieltro húmedo se hace con vellón, agua y jabón o detergente. Las microescamas de las fibras de lana o vellón se abren, provocando que se enreden, las fibras se comprimen y encogen, resultando en la creación de una tela no tejida. Los detergentes contaminan muchísimo las aguas, al igual que los aceites que se van por el desagüe. Por esta razón, ha pedido a un restaurante del pueblo que le done su aceite usado y ella lo convierte en el jabón que necesita para el proceso de hacer fieltro. Todos ganan.

Por otra parte, el vellón que usa, en su mayoría, tiene certificación OEKO Tex Standard 100 o proviene de alguien que conoce y no necesita esa certificación. Con todo esto a su favor y con la conciencia tranquila, la creatividad ha ido fluyendo.

Vive en un bosque de coigües. Esto favorece el diálogo consigo misma y ha convertido su arte en un proceso espiritual (no religioso) de goce y plenitud. Será por esto que se ha producido una evolución desde el primer sombrero, que es utilitario, hasta ahora. Últimamente, las formas le van saliendo cada vez más surrealistas, aunque siempre inspiradas en su entorno y en la libertad de dejarse llevar por esos momentos de flujo de energía creativa.

«Hay una conexión poderosa con un goce superior, en donde tanto el resultado como el proceso, que es vigoroso, se manifiesta en algo físico que resulta placentero y hasta orgásmico. Muchas veces trabajo con la piel erizada de puro gusto».

«Mis obras estuvieron en el CAMM (Centro de Arte Molino Machmar) en Puerto Varas. Allí hay un equipo muy sororo, quienes han reconocido mi mérito sin fijarse en mi falta de título formal de artista. En especial me he sentido respetada, considerada y valorada en mi obra. En cuanto a mi disciplina de fieltrista, te podría decir que existen muchas fieltristas por estos lados, pero se expresan de formas distintas a la mía», nos comenta Drus.

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