Empezó a tomar en serio el arte cuando tenía 15 años. A pesar de su limitado entendimiento y la percepción de carecer de talento, experimentó una profunda conexión con el mundo al expresarse a través del dibujo y la pintura; el universo visible cobraba vida ante sus ojos, lo cual le llenaba de entusiasmo. Entender los códigos de la comunicación oral, los dobles sentidos y las implicaciones no dichas le resultaba complicado, pero encontró coherencia en el dibujo y la pintura. Aunque sus talentos aparentemente se inclinaban hacia las matemáticas y los resultados de la prueba de ingreso universitario le permitían elegir cualquier carrera, ella se aferró a esa sensación. Decidió estudiar Artes Plásticas en la Universidad de Chile. Inicialmente, creyó que no pasaría el primer año y elegiría un camino más convencional como arquitectura o ciencias, pero logró superar no solo el primer año, sino todos los demás, destacándose en sus estudios. Finalmente se sintió «en casa» cuando la escuela de arte se convirtió en su lugar permanente. Ayudaba a María Elena Muñoz en historia del arte y después a Jaime León en dibujo desde el segundo año. Aunque le habría gustado realizar un doctorado, no pudo hacerlo debido a dificultades económicas después de completar su Maestría en Arte en la misma universidad. No obstante, siempre siguíó estudiando, creyendo en la importancia de la educación artística para personas que requieren mentores exigentes que impulsen a reflexionar.
Explorando múltiples medios en los últimos años, Mara Santibañez como artista visual que pinta, incursionó en la fotografía, el video, las instalaciones, sin limitarse a una disciplina específica. Recientemente, incursiona en la pintura al óleo y actualmente más en detalle el pan de oro, una técnica aún más antigua y artesanal que implica el uso de finas hojas de un material dorado para recuperar superficies y darles un aspecto de oro. A pesar de que normalmente se utiliza para la decoración y puede ser considerado un tanto kitsch, también está relacionado con su uso tradicional en el arte religioso, aspecto que le llamó la atención. Desde hace tiempo, tenía ganas de probar el pan de oro y finalmente lo incluyó en su exploración del paisaje contemporáneo chileno y las maneras de vivir en ese paisaje. Con frecuencia viaja por las carreteras de la zona central y, durante el verano, el resplandor del sol en los pastizales resecos indica sequía y la inminente posibilidad de un incendio, pero también brilla como oro. Le resulta fascinante esta paradoja, ya que en sus pinturas el pan de oro no adorna ni agrega valor a las imágenes iconográficas importantes, sino que representan paisajes desolados y descarnados simbolizando la sequía, el calor y el sol abrasador del desierto que avanza.
¿Existe en Chile una brecha entre mujeres y hombres dedicados a la pintura/arte? Tu opinión, por favor.
«No, no más que en cualquier otra disciplina o profesión. Lo que sí constato, y con dolor, es que la brecha que existe es de clase. En Chile, el arte es un asunto de clase alta, y eso genera varios vicios. Quienes no venimos de una red vinculada al arte, nos cuesta mucho entender cómo funciona el mercado del arte, por ejemplo. Es como un saber mágico: o lo tienes o no lo tienes. Así de absurdo. Yo, al menos, nunca he podido entenderlo. Incluso dudo que exista en Chile. Más difícil aún es poder dedicarse al arte en exclusiva, pues alguien debe pagar las cuentas. Me demoré años en llegar a un estadio en el que puedo compatibilizar trabajo artístico, trabajo remunerado y familia. Y diría que aún ese equilibrio es frágil. Tampoco sé si podrá llegar a ser un equilibrio estable, debido, más que a ser mujer, a la maternidad. A veces me pregunto qué sería de mi obra si pudiese dedicarme exclusivamente a ella. Iría a residencias, viajaría más, asistiría a inauguraciones, pero la crianza lo impide por el momento. Como toda actividad, el campo del arte no está pensado para personas que estamos a cargo del cuidado de otras personas. Pero pasa el tiempo rápido; ya podré dedicarme más».
¿Qué opinas de las nuevas tecnologías y los materiales orgánicos en el arte? ¿Son complementarios?
«Al menos en el caso de la pintura, lo que he visto es una revisión de los materiales tradicionales, pues ellos, al ser de origen natural, son menos dañinos que los medios actuales de pintura. Me parece muy bien, por cierto. Estoy segura de que, en pocos años más, no podremos entender cómo estamos viviendo hoy, de modo abusivo con el medio ambiente y con nuestros recursos». Nos comenta Mara.

