La paleta de colores del pintor más talentoso no puede igualar la gama cromática que da forma a las auroras boreales, los crepúsculos en la playa —no en vano Rimbaud dijo que la eternidad es el sol que se fue con el mar— o el brillo que el rocío hace relucir cada amanecer sobre arbustos y flores. No es casualidad que todos los artistas, independientemente de la disciplina que practiquen, hayan hecho de la naturaleza una de sus principales fuentes de creación e inspiración. Esta práctica ya era habitual entre los hombres del Paleolítico, quienes representaron la naturaleza como algo simbólico y mágico, a través de la cual se explicaron los mecanismos, entonces incomprensibles, del mundo que habitaban.
A lo largo de la historia, el diálogo entre la naturaleza y los artistas no solo se ha mantenido constante, sino que además se ha fortalecido. Las mitologías de Grecia y Roma representaron los fenómenos naturales en sus respectivas cosmogonías, y esas historias se llevaron a la poesía oral, la narrativa y el teatro. La Edad Media tampoco quedó fuera de la tendencia, y aunque en el imaginario colectivo se relaciona más con lo religioso, la pintura gótica llevó el naturalismo a sus composiciones, introduciendo paisajes sencillos y bucólicos.
Más cerca de nuestro tiempo y territorio, Pablo Neruda fusionó los sietes mares en uno solo, el que contemplaba desde su ventana de Isla Negra, y los inmortalizó en una de sus famosas odas con las siguientes palabras: “Aquí en la isla / el mar / y cuánto mar / se sale de sí mismo / a cada rato (…) Me llamo mar, repite / pegando en una piedra / sin lograr convencerla / entonces / con siete lenguas verdes / de siete perros verdes / de siete tigres verdes / de siete mares verdes / la recorre, la besa, / la humedece / y se golpea el pecho / repitiendo su nombre”.



Ejemplos en la pintura también abundan, desde los paisajes impresionistas pintados por Monet, la mirada surrealista de Pablo Picasso y Salvador Dalí u obras tan realistas que se confunden con la fotografía. El arte escultórico ha hecho lo propio, con representaciones de humanos y animales que ensalzan las formas encontradas en la naturaleza.
Un buen ejemplo es la revista Atmos, de aparición bianual, que se dedica a observar la naturaleza y la cultura. La publicación citada cuenta con una curatoría a cargo de artistas visuales, escritores y activistas de distintos países, quienes proponen una narración creativa y un reencantamiento con el mundo natural, destacando cómo la diversidad de los distintos ecosistemas puede influir y cambiar el mundo que habitamos. En la actualidad, hay una fuerte tendencia a que el arte y la naturaleza se relacionan en función de la necesidad de cuidar el planeta, convirtiendo a los artistas en agentes de cambio concreto, cuyo aporte a la sociedad tiene que ver con transmitir la necesidad de relacionarnos de una manera sustentable con nuestros entornos.
Acompañamos la nota con las maravillosas imágenes del fotógrafo de Viña del Mar Felipe Poblete, quien aprendió de forma autodidacta, viendo vídeos de youtube de fotografía, tutoriales y cursos virtuales, los cuales le permitieron aprender sobre aspectos técnicos. Con el tiempo ha ido adquiriendo implementos y experiencia que le permiten capturar mejor esos bellos momentos.
“Esta experiencia me ha permitido conectarme con la naturaleza y por sobre todo conmigo mismo, con mis emociones, con lo que siento en ese minuto en que realizo una fotografía. Además me ha dado la posibilidad de viajar buscando lugares y paisajes que pueda capturar con mi cámara. Creo que todo ha sido un aprendizaje constante y crecimiento personal desde que comencé. Quizás lo difícil es no poder dedicarle más tiempo”, nos comenta Felipe.



