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La escultura contemporánea en Valparaíso: Un espacio por encontrar

En la Región de Valparaíso podemos encontrar algunas esculturas célebres, como una del mismísimo Auguste Rodin que se erige en la calle Libertad y que llegó a nuestra tierra a mediados del siglo pasado. No obstante, hoy muchos chilenos ignoran tanto esta estatua como su destacado origen; algo que no pasa inadvertido para los artistas de la actualidad. En este marco, Andrés Matamala y Andrés Figueroa, dos destacados escultores locales con casi 20 años de trayectoria en la escena local, reflexionan sobre el panorama de hoy para este arte y comparten cómo se las arreglan para seguir creando en una sociedad poco familiarizada con la escultura.

Andrés Matamala, autor de “Cerros y mar”, pieza escultórica que evoca los símbolos pintados en vasijas de la Cultura Aconcagua, piensa que uno de los principales problemas es que la cultura pareciera llegar “solamente hacia lo pictórico, hasta lo carnavalesco o musical, siendo que Valparaíso tiene muchas instancias donde se podrían instalar esculturas”

Esta idea es complementada por Andrés Figueroa, responsable de las obras “Valparaíso De-lata” y “Expansión Radial”, para quien uno de los principales problemas es que el público no se relaciona fluidamente con la escultura. “Las personas, el imaginario colectivo tiene poco asimilado lo que es una escultura, lo asocian con la estatuaria, los cementerios, los monumentos, pero en Valparaíso tenemos muy pocas esculturas contemporáneas”. El artista pone como referencia la obra de Sergio Castillo, uno de los representantes principales de la tradición escultórica nacional, quien es mundialmente reconocido, y que en Valparaíso se encuentra, paradójicamente, en un espacio privado.

En este aspecto, ambos artistas coinciden en la necesidad de dar a conocer la manifestación contemporánea de la escultura, que tiene la capacidad de intervenir el espacio público de manera tridimensional, a diferencia de otras manifestaciones recurrentes en la ciudad puerto, como el muralismo o el arte urbano. Como escultores, plantean que se debe hacer un esfuerzo compartido, pero que desde las instituciones falta una comprensión del medio, y de la historia de la escultura chilena, de la que pareciera haber un mejor concepto fuera de nuestras fronteras.

Para Andrés Matamala, el cuidado de los edificios patrimoniales ha sido un impedimento para facilitar la representación novedosa. El escultor sostiene que, sin descuidar el patrimonio, es posible mostrar lo que está realizando ahora. Además, resalta que hay muchos escultores con creaciones en desarrollo que no cuentan con el espacio para poder mostrar estos trabajos.

A la falta de espacio, se suma la dificultad para esculpir que el oficio presenta por antonomasia. Así lo explica Andrés Figueroa. “Son muchos los factores que se tienen que alinear para que un escultor logre ingresar a un taller y desarrollar un cuerpo de obra contundente. Y para hacer escultura necesitas el espacio, el taller, el transporte, entonces las oportunidades se estrechan considerando esos factores”

No obstante, ambos artistas destacaron la apertura del Museo Baburizza, que desde 2017 ha abierto sus puertas a escultores locales. “Los escultores, en forma personal, también pueden gestionar los espacios públicos. Hay una burocracia de por medio y tienes que relacionarte con ella”, aclara Andrés Figueroa, quien si bien trabaja constantemente como escultor, complementa sus ingresos con la realización de otro tipo de objetos en su taller. Así, la vocación y la voluntad persisten, hasta que llegue el momento en que todos podamos disfrutar de la belleza de este arte tridimensional.

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